martes, 16 de octubre de 2012

No eres la talla de tu sostén ni eres la anchura de tu cintura. No eres el color de tu pelo, el color de tu piel o el color de tu lápiz de labios. No te defines por la cantidad de atención que obtienes de los hombres o de las mujeres. No eres la foto de perfil que tienes, ni los me gusta que puedes obtener. No eres ese diminuto vestido rojo. No eres el piercing de tu ombligo, ni el aro que puedas tener. Eres las cosas con las que sonríes y las palabras que dices. Eres los sentimientos y los pensamientos que tienes. Eres hermosa no por la forma de tu cuerpo, sino por la calidad de persona que eres.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Diario de una camisa.


Diez de la mañana: te levantas con una felicidad desbordante, tal vez nadie entienda la razón, pero tú sí.
Once de la mañana: coges esa suave camisa que solo usas en ocasiones especiales e intentas que poco a poco desaparezcan todas las arrugas que hay en ella. Mientras, tarareas esa linda melodía, a la vez que la canción, como si se tratara de tu conciencia, suena en tu cabeza.
Doce de la tarde: estás nerviosa, mil mariposas revolotean en tu estómago, el corazón late tal vez más rápido y fuerte de lo que consideran saludable.
Una, dos, tres... de la tarde: empieza el día, tu camisa sigue intacta, como si expresara la felicidad que sientes, a la vez que una enorme sonrisa afirma lo anteriormente dicho. Sin hacer casi ningún gesto, una arruga aparece en ella, solo el sentarte, el levantar la mano, el caminar; hacen que una y otra arruga estropee la perfección.
Seis, siete, ocho... de la tarde: tu pelo está alborotado, tus ojos no están tan brillantes como de costumbre, la mirada caída, los brazos con ninguna fuerza y sí, tu camisa arrugada, como si hubiese estado mojada y alguien la hubiese intentado escurrir. La felicidad de las diez ha desaparecido, lo blanco ahora es negro y lo amarillo ahora es gris. Tratas de sonreír, pero es imposible y te das cuenta de que nunca nada ha tenido sentido. Ahora, lo único que esperas es que algún día, pronto, esa camisa vuelva a ser la joya de tu armario, perfecta, lisa, elegante, tan solo para ocasiones especiales.

Nunca pares.



Grita lo que piensas y no pares nunca de gritar; bésame y no dejes de hacerlo jamás; coge mi mano y no permitas que la suelte en ningún momento. Levántate cada mañana con una sonrisa en tu cara y repite este proceso hasta el fin de tus días. Acuérdate de todas aquellas personas que te acompañaron a lo largo de tu infancia y durante toda tu vida, y que por una u otra razón ya no están tan presentes. Guarda muy bien cada uno de tus recuerdos, pero no olvides pensar en ellos y sonreír. Disfruta de muchos buenos momentos para poderlos guardar en un futuro y volver a sonreír al viajar entre toda esa gran nube creada por buenos recuerdos. ¡Salta! ¿Saltar? ¿Por qué? Sí, salta todos los días e intenta hacerlo cada vez más alto para superarte una y otra vez a ti misma. Este consejo lo puedes aplicar para cualquier otra acción, siempre que te propongas algo, hazlo, supérate millones de veces y no pares. De vez en cuando hay personas que intentan detenerte, algunas lo hacen por tu bien, pero otras sólo lo hacen para joder, en este caso, que no te importe lo que la gente piense, diga o haga. Dedícate a mirar a dicha persona y limítate a decir: adiós, bye, ciao, au revoir, desaparece, éste es mi sueño y lo alcanzaré.

Cree en ti misma.

Mírate al espejo en ese momento en que piensas que todo va mal, que no puedes confiar en nadie, pero date cuenta de que sí. Puedes confiar en esa persona que se encuentra al otro lado de ese brillante cristal que si se rompe dicen que trae mala suerte; puedes confiar en tu reflejo; puedes confiar en tu persona. ¿Qué mejor persona que tú misma para guardar un secreto? ¿Qué mejor persona que tú misma para secarte esas lágrimas? Cuando pienses que no puedes creen en nadie ni en nada, que jamás tendrás a alguien a tu lado y que estar sola rodeada de mucha gente; piensa que hay un ser que jamás te abandonará, que siempre permanecerá muy cerca de ti, tan cerca que podrás oír y sentir los latidos de su corazón. Esa persona, sin duda, eres tú, tú misma, y nadie más, cree en ti. Si quieres volar hazlo, pero te recomiendo que sea en sueños, la gravedad existe. Pero si quieres correr, adelante, nadie ha de detenerte, ya se trate de una persona, de una hormiga o de Buzz Lightyear. No dejes de soñar, cree en ti misma e intenta todas esas cosas que siempre te gustaría lograr, no te rindas. ¿Qué pierdes por intentarlo? Poco, o más bien nada. Los grandes genios no se rinden cuando no pueden realizar un cálculo; las mejores estrellas de la música jamás se rinden cuando no llegan a una nota; los buenos actores nunca se rinden cuando no sale bien esa escena del beso más importante y especial de la película. Piensa que eres un pequeño o gran genio, un cante, o simplemente una fabulosa persona y sigue adelante, con tu mochila y tus sueños en la espalda.

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